azabache
Se me escapa el zapato
De vuelta, Manu -¿podés creer?-. Pero peor. O no: ni sé. Ya no estoy en pasillos de clínicas ni sanatorios probando las chinelas que me tocaron en suerte. Ni en navidad –te acordás?- corriendo el Costera que creímos único en aquel 25 soleado. De cuándo? No hace tanto, o si? Sé que el chofer estuvo pero más que amable al esperar esa cuadra y media que intenté –infructuosamente!- apurar los pies sin que mis chinitas salieran despedidas a cada tranco. (Y siempre es el derecho el que me trae más problemas –tiene más vuelo!-). Qué vergüenza. Decí que no me alcanzaba el aire para reírme. Hasta después, que vi tu cara violeta, y también -como siempre-, las palabras fallidas para lo sensible-insensible; inexplicable. Hay que elegir mejor el zapato para estos casos, no? Ya voy a aprender.